Todo comenzó con una frustración compartida
En 2014, tres desarrolladores que trabajaban en diferentes empresas tecnológicas se encontraron compartiendo la misma queja: las aplicaciones móviles corporativas eran, en su mayoría, terribles. Lentas, confusas, llenas de bugs.
Sabíamos que se podía hacer mejor. Mucho mejor. Así nació soft-summit, con una misión clara: demostrar que las aplicaciones empresariales no tienen por qué ser mediocres.
Lo que empezó como proyectos freelance los fines de semana se convirtió en una empresa a tiempo completo cuando ganamos nuestro primer cliente importante: una cadena de retail que necesitaba modernizar su app de fidelización. El éxito de ese proyecto abrió puertas.
Doce años después, hemos crecido de 3 a 18 personas. Hemos trabajado con startups que se han convertido en unicornios y con empresas centenarias que necesitaban reinventarse digitalmente. Pero nuestra filosofía sigue siendo la misma: código limpio, diseño centrado en el usuario y honestidad radical con nuestros clientes.